¿Mi hijo con autismo puede vivir solo?

Todo padre debe aprender a dejar ir a sus hijos. Cuando llegan a la etapa adulta, ellos deciden seguir su propio camino, sus propias reglas y finalmente, su propio hogar. Pero, cuando existe un trastorno como el de Autismo, resulta complejo para el progenitor aceptar la independencia de su hijo.

El Trastorno de Espectro Autista (TEA) implica una serie de alteraciones en el nivel de comunicación y adaptación del diagnosticado, se trata de una condición que dura toda la vida.  Cuando la persona con autismo alcanza la edad adulta, pueden surgir nuevas complicaciones tanto a nivel físico como emocional. Estas dificultades acrecientan el temor de los padres por permitirle a su hijo experimentar la emancipación.

Ataques de epilepsia, Trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH), ansiedad, trastornos de sueño, alteraciones gastrointestinales, crisis violentas, e incluso depresión, son algunos de los síntomas de las personas con TEA.

Por otro lado, según un estudio realizado por el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), los autistas adultos tienden a juzgar a las personas de una manera más radical, lo cual les ocasiona problemas para relacionarse. “Los adultos con un Trastorno del Espectro del Autismo (…), eran más propensos a formar un juicio estricto de las personas y menos propensos a perdonar”, afirmó la científica, colaboradora del estudio, Liane Young.

Sin embargo, existen pruebas de que las personas con Autismo, son capaces de superar todas estas complicaciones e iniciar una vida independiente.En un artículo redactado por Laura HijosaTorices, psicóloga de Federación Autismo Madrid, se afirma que, según estudios realizados en el 2009, un 43% de las personas con TEA se encontraban trabajando o estudiando y un 52% vivían solos.

¿Cómo lograr esto? ¿Es posible que estas cifras aumenten? Lo principal es no menospreciar al joven, pues puede ser el principal motivo del retraso de su desarrollo. Las familias deben utilizar el principio de “independencia con apoyo”. Ayudar al menor de tal manera en que él, puede aprender con el paso del tiempo a no ser dependiente y a realizar sus actividades por sí mismo.

Claro que, esto no significa que el padre deba desentenderse del hijo, la supervisión deberá ser periódica, pero lejos de utilizarse como una herramienta de control, será una manera de ayudar al diagnosticado a ser autónomo. Observarlo también evitará que pueda sufrir alguna crisis y reducirá el riesgo de las enfermedades antes mencionadas.

La independencia con apoyo se inicia desde el momento en que el padre empieza a cambiar su conducta de sobreprotección a una de colaboración. No le haga todo (cambiarle la ropa, escribir por él, realizar sus tareas, ordenar su cuarto, cocinarle todos los días, etc.); en cambio, enséñele a cocinar, a cambiarse solo e incúlquele la importancia de la limpieza.

Además, la educación y terapias especiales serán primordiales para su evolución. El brindarle a su hijo estudios profesionales y una carrera, se convertirá en su sustento en un futuro. Las terapias le enseñarán a resistir la frustración y mejorar sus relaciones sociales, desarrollando la empatía y la comprensión de normas. En consecuencia, su inclusión en la sociedad será positiva.

Una persona con TEA, dependiendo del bajo o alto funcionamiento de su trastorno,  puede pasar a la etapa adulta sin problema. El que sea independiente y autónomo está vinculado con el apoyo que la familia le otorgue desde un principio.

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