Autismo: La importancia de la interacción social

Un rasgo inherente del ser humano, es su necesidad de socializar.  Es justamente gracias a esta capacidad, que han nacido los grandes imperios, reinados, culturas y por supuesto, el sistema actual. El cerebro necesita interactuar para desarrollarse, adoptando tanto conocimientos intelectuales como emocionales. Para las personas con Autismo esta realidad no es ajena, ellos también requieren de los lazos.

A través de las interacciones más simples, el cerebro de las personas con Trastorno de Espectro Autista (TEA), es beneficiado. Resulta importante resaltar que debido a su condición, su comportamiento social ha sido alterado considerablemente. Son individuos a los que se les dificulta formar amistades, comunicarse y prestar atención a otros.

Pero son justamente estas características las que convierten la interacción en algo sumamente relevante para complementar su tratamiento. Imagine una persona a la que parece no interesarle lo que sucede a su alrededor, si nadie intenta entrar en “su mundo”, él no se motivará a salir de éste. Es así de simple.

La carga afectiva que trasmite una simple invitación a jugar, es suficiente para mejorar las habilidades sociales de niños con autismo, según un estudio de la Universidad de Vanderbilt (EE.UU.). Después de observar en un patio de juegos, a pequeños con TEA junto con neurotípicos, los especialistas descubrieron que un pedido de los segundos puede motivar a los primeros para comprometerse con las actividades.

Cuando nadie les pedía jugar, los niños con autismo estaban notoriamente más distraídos y dispersos en medio de la actividad. En cambio, al producirse un intercambio de palabras, eran estimulados a interactuar.

“Aunque los niños con autismo pueden experimentar aumento del estrés en interacciones sociales, fue alentador ver que la socialización recíproca puede ser facilitada por los pedidos de los pares. Todo comienza con una simple oferta para jugar”, dice la autora principal del estudio, la doctora BlytheCobertt.

Además, agrega que los juegos son una actividad esencial para aprender las reglas sociales, posiblemente por la imitación de la realidad que se produce en ellos. Cobertt resalta que si no se practica la recreación, las normas no se aprenden y se reducen las capacidades de socialización.

El cerebro aprende de las experiencias. Entender definiciones tan abstractas como el amor, la amistad, la alegría, e incluso el dolor, no es posible si no se sienten e identifican gracias a la compañía de otros. Es por ello que, motivar las amistades y relaciones de las personas con autismo es imprescindible.

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