Autismo: ¿Cómo evito que mi hijo con autismo la pase mal en Navidad por la pirotecnia?

“Se acerca la época más horrible para mí y mi familia: las fiestas. Mi hijo, Ezequiel, es autista y se asusta mucho con las explosiones de los fuegos artificiales.”, escribió Marcos Goldschmidt, un ciudadano argentino que publicó un pedido en un sitio virtual para concientizar a las personas sobre el daño que produce la pirotecnia en personas con autismo.

Para casi todas las familias, el momento en que el reloj marca las doce de la noche y el cielo se torna de múltiples colores, gracias al estallido de incontables fuegos artificiales, es la mejor parte de las fiestas. Pero, cuando en casa hay un niño que padece de sensibilidad sensitiva, este suceso se transforma en el más estresante de la Navidad.

La sensibilidad sensitiva es uno de los síntomas más frecuentes de personas con Trastorno de Espectro Autista (TEA). Ellos suelen percibir los sonidos con una intensidad intolerable, bastante diferente a lo que otros pueden estar escuchando.

Frente a un ruido sorpresivo, como lo son los fuegos artificiales, el niño autista reacciona con irritabilidad, miedo excesivo, agresividad y ansiedad, lo que lo lleva finalmente a un episodio de crisis.

“Los estruendos de petardos y otros elementos de pirotecnia son para ellos lo más próximo a una catástrofe”, asegura el psicólogo Claudio Hunter Watts, coordinador terapéutico del Instituto San Martín de Porres en Argentina, reconocido como uno de los mejores en América Latina para el tratamiento de TEA. El especialista agrega que en el peor de los casos, el menor puede llegar a la autolesión debido al miedo y la angustia.

Los padres deben seguir algunos consejos para evitar la posible crisis de su hijo frente a la explosión de fuegos artificial en estas celebraciones navideñas. Primero es importante prepararlo para lo que se viene. Anticiparle horas, e incluso días antes,que se debe mantener calmado durante las detonaciones, puede ayudarlo a controlar su ansiedad. Si es posible, adelante unas horas la cena navideña, si el niño está dormido puede que no llegue a escuchar el estruendo.

Por otro lado, encontrar un lugar en la casa en donde el ruido de los explosivos no llegue tan fuerte es una buena opción. Debido a que es una tarea complicada aislar a su hijo del ruido, añadir a este ambiente casi silencioso unos tapones para oídos o, audífonos con alguna canción que lo tranquilice, puede ayudar (procure que la música no esté muy alta, si es posible pruebe esta estrategia previamente).

El padre debe mantener la calma en todo momento, pues el notarlo nervioso empeorará la situación del niño. Abrazarlo, confortarlo y decirle que todo va a pasar, ayudará a que el menor se sienta acompañado y su temor disminuya. Nunca minimice su miedo, recuerde que las personas con autismo sienten el mundo de una manera distinta.

Con cohetes o no, este año disfrute al máximo las fiestas. Bríndele a su hijo la mejor celebración navideña que pueda tener, sin crisis ni temor.

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