Autismo: Mascotas que cambian la vida

Nico y Volta son inseparables. Pero su amistad es peculiar. Nico, un niño argentino de siete años, tiene un vocabulario bastante limitado, pero es Volta la que realmente no puede hablar, al menos no en el idioma de los humanos, ya que ella ladra y aúlla para comunicarse. Volta es la perra de asistencia que ayuda en la terapia de Nico, quien padece Trastorno de Espectro Autista (TEA).

Cuando tenía dos años y diez meses diagnosticaron a Nicolás Meini con autismo. El pequeño gritaba, se tiraba al piso, y su familia no entendía el por qué, hasta que un doctor les comunicó la razón.  Desde entonces, la familia inició un arduo proceso para ayudar a Nico a adaptarse.

El pequeño va a un colegio especial, sigue un tratamiento cognitivo – conductual, fonoaudiología y una dieta estricta libre de gluten, caseína y azúcares. Sin embargo, su familia se sorprendió gratamente de los grandes avances que consiguió por la compañía de su mascota.

Volta llegó a la vida de Nico hace un año, gracias a un programa que organiza la Fundación Bocalán Argentina, junto con el Gobierno de Buenos Aires y el apoyo de otras empresa. Es labrador y se caracteriza por ser muy amistosa y sociable. “Es cariñosa, corre, juega, se ensucia. Es una perra feliz, contenta”, detalla Guillermo Quattrocchi, entrenador de la fundación.

“Dejó de dormir en mi cama conmigo y logramos que subiera a su habitación. Se acuesta con Volta en los pies y al ratito yo me puedo retirar”, narra Elizabeth, la madre del niño. Además, ahora Nico no teme salir a la calle, como lo hacía anteriormente cuando ante la sugerencia comenzaba a llorar. “Desde que tomó confianza con la perra vamos a todos lados”, explica Leandro, su padre.

Otras diferencias notorias son, que ahora Nico se siente mucho más confiado, acompaña a sus padres en la mesa sin inconvenientes y sus episodios de crisis durante las salidas se han reducido notablemente. El amor y la seguridad que le brinda Volta han sido el principal apoyo, luego del de su familia, para que el niño se integre de la mejor manera en la sociedad.

“Los niños con autismo no siempre se involucran fácilmente con otras personas, pero si hay una mascota en la casa y un visitante comienza preguntando acerca de la mascota, el niño puede ser más propensos a responder”, resalta Gretchen Carlisle, autor principal de un estudio realizado en la Universidad de Missouri, en Estados Unidos, sobre el positivo impacto que tiene en los pequeños con TEA contar con un animal doméstico.

Según sus conclusiones, las mascotas aumentan la asertividad de los niños, su socialización y diálogo. El 70% de las familias prefieren los perros, pero existen otras opciones, como los gatos, caballos, e incluso delfines, que por supuesto solo encontrarán en centros especializados.

Nico abrió su mundo gracias a Volta. Los niños con autismo no son diferentes, solo necesitan del amor y la compañía correcta para contagiar a los demás de su alegría. “No tienen nada que les impida hacer algo”, concluye Leandro.

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